Gran América del Norte, nuevo engendro expansionista de Trump

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En los últimos días se ha hecho viral una nueva versión del mapa del mundo, trazado por el ahora también devenido cartógrafo, Donald Trump, bajo el pretexto de combatir los cárteles de la droga y el crimen organizado, con una nueva estrategia de seguridad, aunque cuyo objetivo, a todas luces, es expandir el poder imperialista de Estados Unidos, burlando la soberanía de los países y regiones contenidos en esa carta geográfica.

En este nuevo proyecto imperialista el primer país en ser incluido fue Ecuador, nación suramericana, mudada para el hemisferio norte, por obra y gracia del presidente # 47 de Estados Unidos, gracias a la estrecha vinculación del presidente Daniel Noboa con la política hegemónica del inquilino de la Casa Blanca. También han sido incorporadas Costa Rica y Venezuela.

¿QUÉ ES «GRAN AMÉRICA DEL NORTE» o «GRAN NORTEAMERICA»?

La presentación de este plan territorial la hizo el secretario de Guerra, Pete Hegseth, dos días antes de la Cumbre «Escudo de las Américas», celebrada en Miami el 7 de marzo último, aunque por estos días es que se ha dado a conocer públicamente. Según Hegseth, Trump pretende crear «un bloque de seguridad sólido, para combatir a los carteles de la droga y limitar el avance de potencias extrarregionales en el hemisferio», esto último, como se sabe, referido a frenar la influencia de China en el comercio con países del área, frente a la guerra geopolítica del inquilino de La Casa Blanca contra el gigante asiático, por el control hegemónico del comercio global.

Hegseth precisó que «Gran América del Norte» se inicia en Alaska, pasando por Groenlandia, atraviesa el Caribe y Centroamérica, y desciende por el Pacífico hasta llegar a la línea ecuatorial. «Cada nación soberana y territorio al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador, y desde Alaska hasta Guyana, precisó, es nuestro perímetro de seguridad inmediato» y subrayó que se le dio ese nombre porque estos estos países no forman parte del Sur Global, sino que integran un cordón de seguridad de Washington, en el que cada uno de los países limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte.

CUMPLIR UN VIEJO SUEÑO IMPERIALISTA

Pero al igual que en todos los planes de E.E.UU., siempre hay que buscar lo que se oculta tras el telón. Sin dudas, esta nueva maniobra trumpista es una saga directa de la Cumbre «Escudo de las Américas», con asistencia de 12 jefes de Estado latinoamericanos de derecha y el rubito mandatario norteamericano, la cual aplicó el llamado «Corolario Trump» un apéndice a la «Doctrina Monroe» rebautizada ahora como «Donroe» (por Donald), que incluye nuevas disposiciones incorporadas por el mandatario republicano a la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025 del Pentágono, las cuales exponen, abiertamente, que «el control sobre el Sur, es la máxima prioridad estratégica» de Washington».

No se trata solamente de dibujar un nuevo mapamundi al «estilo» Trump, sino que se revive la historia de intervenciones del imperialismo norteamericano, de sus aspiraciones a recuperar su patio trasero, a lograr el lema de la Doctrina Monroe, «América para los americanos» (Estados Unidos), o la meta anunciada por Trump, cuando tomó posesión de la presidencia en un segundo mandato, no consecutivo, en enero de 2025: «Hacer América grande otra vez», «Make America Grate Again» (MAGA, por sus siglas en inglés), cuando anunció que se iniciaba la «era dorada» de EE.UU., ahora uniendo los conceptos de la Doctrina Monroe, del Corolario Roosevelt y el Corolario Trump, este último con aportes trumpistas añadido a la ESN.

Para que no queden dudas acerca de esos propósitos, el propio Hegseth afirmó que el objetivo actual de este nuevo proyecto expansionista del magnate republicano es «hacer realidad ese viejo sueño en nuestro tiempo». Más claramente, el proyecto «Gran Norteamérica» comprende: Estados Unidos, Canadá, México, los países de Centroamérica, todo el Caribe, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, territorios amazónicos septentrionales, hasta Groenlandia. Al norte de la línea ecuatorial, o «zona de control directo» contará con aumento de presencia militar, coordinación operacional, interacción de fuerzas, vigilancia marítima y aérea permanente. Al sur del ecuador, o «zona delegada», implicará traslado de costos militares, presión para el alineamiento político y garantías de seguridad hacia gobiernos aliados, lo que especialistas definen como «una división imperialista clásica entre centro estratégico y periferia subordinada».

«DEFENSA DE LA CUARTA ESFERA»

A raíz del proyecto territorial «Gran América», el Pentágono desempolvó el viejo término «Defensa de la Cuarta Esfera» (Quarter Sphere Defence), doctrina empleada durante la Segunda Guerra Mundial para proteger el hemisferio occidental, frente a potencias rivales, cuando EE.UU.

«militarizó el Caribe; estableció bases militares en decenas de países, desde Terranova hasta Brasil; controló rutas marítimas y recursos estratégicos: subordinó economías latinoamericanas a la contienda bélica y estableció mecanismos de inteligencia conjunta», consolidando una red de control que perduró mucho después del conflicto armado. «Así como hundimos barcos con torpedos en la Segunda Guerra Mundial, que en el Departamento de Guerra lo llamamos la «Defensa de la Cuarta Esfera» «lo haremos de nuevo, si de verdad nos importa nuestra seguridad nacional y si priorizamos la geografía, no podemos seguir como hasta ahora», sentenció Hegseth.

Esto quiere decir, literalmente, que Washington se reserva en esta zona el derecho de intervención preventiva, operaciones militares sin autorización regional, despliegue permanente de fuerzas, integración de inteligencia y control de infraestructuras críticas. Para algunos analistas, esto recuerda al «Lebensraum estratégico» de las grandes potencias clásicas, un concepto geopolítico que define «el territorio mínimo que un Estado considera necesario poseer o controlar para garantizar su supervivencia, seguridad nacional y autosuficiencia económica en países soberanos, pero considerados indispensables para la seguridad nacional».

¿QUÉ HAY DE LOS RECURSOS NATURALES?

Desde luego que en este nuevo engendro expansionista del inquilino de la Casa Blanca, están presentes los recursos naturales y estratégicos, verdadero motivo de la agresión militar a Venezuela el 3 de enero de 2026 para apoderarse del petróleo del país bolivariano, la mayor reserva mundial.

Según se conoció existe el llamado «Proyecto Bóveda» (Project Vault), consistente en el depósito de casi 714 millones de barriles de crudo, la «Reserva Estratégica de Petróleo» de EE.UU., guardada desde los años 70 del pasado siglo en cavernas subterráneas excavadas en sal de roca construidas, tras una aguda crisis energética provocada por el corte de suministro por parte de los países árabes. Pero el petróleo de EE.UU. es solo eso, «Reserva Estratégica», por eso sale a la caza del oro negro, en una nueva colonización y piratería en pleno siglo XXI.

Y es aquí donde Latinoamérica y el Caribe entran a jugar un rol esencial, pues bajo el pretexto de la seguridad, se oculta la reorganización regional, para quedar bajo el mando político y militar de la Casa Blanca y la construcción de un bloque hemisférico subordinado a Washington, en el cual la parte económica sea inseparable de la militar. Ese cordón de seguridad «protegerá» (se apoderará) del litio andino, el petróleo caribeño, los minerales críticos amazónicos, las rutas energéticas y los corredores logísticos interoceánicos, el paso bioceánico del Canal Beagle, en el extremo austral de América del Sur y en Chile, las mayores reservas de litio y cobre del mundo.

PREVISIONES DE FUTURO

En una entrevista publicada por el periódico mexicano Expreso20, Irene Selser, analista en geopolítica, señaló que la implementación de la «Gran América del Norte» depende en gran medida de las elecciones intermedias en Estados Unidos el próximo noviembre (que pudieran poner fin a la era Trump) y en el rechazo creciente del pueblo norteamericano a las políticas del magnate republicano, como el registrado en las manifestaciones NO King de marzo último, en todo Estados Unidos.

«El rumbo del planeta y la libertad de las naciones latinoamericanas, concluyó, están sujetos hoy a la capacidad de la sociedad estadounidense para frenar el «delirio de guerra» de Trump, en las urnas y en las calles».

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