Pequeña, remota, estrecha y aislada: así es una porción de tierra que descansa sobre las aguas del océano Atlántico, devenida Santuario de caballos salvajes: la isla Sable
Frente a la costa de Nueva Escocia, Canadá, se ubica la Sable Island, su nombre en inglés, un banco de arena en forma de medialuna, semejante a esa filosa arma, empleada en combates de tiempos pasados, aunque su nombre proviene del francés «sable» que significa arena, la cual ha ganado fama gracias a la presencia de caballos salvajes, descendientes de animales del siglo XVIII que vagan libremente por sus blancas arenas, cuyos genes revelan que descienden de antepasados traídos al Nuevo Mundo por los conquistadores españoles.
La isla aparecía en las cartas de navegación en 1505 con el nombre de «Santa Cruz». En las cartas del siglo XVI también era denominada «I. da Crus» e «Isolla del Arena». Su nombre actual aparece en 1546 cuando el cartógrafo portugués Joannes Freire la nombra «I. do Sable. Aunque la versión «Sandy Island» ha existido en las cartas antiguas, el nombre por el que actualmente es conocida es el de «Sable Island». Se trata de una estrecha franja de arena sin elevaciones, excepto por la gran cantidad de dunas que se forman debido al fuerte viento que sopla en todas las estaciones del año. La flora de la isla cuenta con pastos bajos y duros, debido a la inclemencia del fuerte viento que allí sopla, y por ende no crecen árboles en la misma.
Ese islote no tiene carreteras pavimentadas, ni medios de transporte. La población se reduce a caseríos y un aeropuerto costero para el arribo de pequeñas a medianas aeronaves. Antiguamente allí funcionaba la Universidad de Dalhousie, de la que hoy sólo quedan ruinas. Mayormente funciona como estación meteorológica y posee varios faros para la orientación marítima.
Posee un clima oceánico, con inviernos fuertes, templados veranos y vientos que soplan del noroeste. Las precipitaciones son abundantes a lo largo del año, mayormente en invierno.
Actualmente Isla Sable es una reserva natural protegida y un sitio de investigación, donde habitan más equinos salvajes que personas, testimonio de la resistencia de la naturaleza; con un ecosistema único de plantas resistentes a un viento fuerte que sopla en todas las estaciones del año y varias especies de aves.
Completan la fauna insular focas y otarios (familia de mamíferos pinnípedos, o carnívoros, que se diferencian de las focas por tener orejas visibles y facilidad para caminar sobre la tierra, aunque están mejor adaptados para nadar). También se les conoce como «falsas focas» o «focas caminantes».
Palabras claves: isla sable, océano atlántico, caballos salvajes, fauna insular focas y otarios en isla sable, reserva natural protegida atlántico

Centenario de Fidel