No se trata del título de una película cómica de Hollywood. Es lo que ocurre por estos días en el salón oval de La Casa Blanca, ocupado por el presidente # 47 de Estados Unidos (EE.UU.), Donald John Trump, sobre el cual existe la contundente opinión de numerosos psicólogos y psiquiatras, de que debe ser apartado del poder ante su «incapacidad mental» para ejercerel cargo.
IRÁN Y EL PAPA
Observaciones como esta vienen reflejándose ya desde hace una década, cuando el magnate republicano aspiró a la presidencia en 2016.
Ahora, el tema de su salud mental cobró fuerza nuevamente, en abril último, luego que este declaró: «toda una civilización morirá esta noche», refiriéndose a su objetivo de destruir totalmente a Irán en la guerra no declarada que inició, el 28 de febrero de 2026, con una serie de bombardeos aéreos sobre varias ciudades iraníes llevados a cabo por sorpresa por los EE.UU. e Israel, mientras estaban en curso «aparentes» negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán.
A partir de esas declaraciones, se hicieron virales los comentarios divulgados por medios de prensa, acerca de si se trata sólo de un «comportamiento errático» o si tiene problemas de «desequilibrio emocional».
También en abril último, Trump volvió a ser el centro de atención mundial cuando lanzó un ataque furibundo contra el Papa estadounidense León XIV, tras el llamado del Pontífice a poner fin a la violencia: «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!», considerada una de las críticas más enérgicas del Santo Padre contra las contiendas bélicas a nivel mundial, afirmando también que la fe era necesaria «para afrontar juntos este momento dramático de la historia».
Trump atacó las palabras del Papa calificándolo de «débil contra el crimen y terrible para la política exterior», palabras que muchos han considerado propias de «un autócrata trastornado y con delirio de poder».
El magnate republicano acompañó su mensaje con una imagen, en son de burla, generada por inteligencia artificial, en la que él aparece con toga blanca y roja, poniendo la mano sobre la frente de un enfermo en una cama de hospital, rodeado de personas en oración, y con un fondo de bandera estadounidense, la estatua de la Libertad, aviones de combate, águilas y otras figuras en el cielo.
Mientras se encontraba en un vuelo hacia Argelia, León XIV respondió: «No le tengo miedo a la administración de Trump, ni de hablar en voz alta del mensaje del Evangelio» por el que trabaja la Iglesia, y agregó «creo que es a lo que estoy llamado, y a lo que la Iglesia está llamada».
Como en otras ocasiones, La Casa Blanca rechazó las apreciaciones sobre el estado mental de Trump y opinó que él «es perspicaz y mantiene en vilo a sus oponentes».
DESTITUCIÓN, UNA PETICIÓN QUE CRECE
En varias oportunidades, los demócratas han invocado la XXV Enmienda de la Constitución de EE.UU. para remover a Trump por «incapacidad para gobernar».
Y esa petición es expresada hoy también por sectores de izquierda, artistas de televisión, cine e intelectuales de distintas latitudes, diplomáticos, militares veteranos de guerra y en funciones y por la población estadounidense.
Ahora, esa demanda también puede escucharse por parte de amplios sectores de la población estadounidense, expresada en manifestaciones como la de NO KING, en todo el país, con críticas a la política autoritaria trumpista y contra la guerra de Irán.
En una de esas manifestaciones el famoso actor Robert de Niro calificó a Trump como «una amenaza existencial para las libertades y la seguridad» y subrayó que «hay que detenerlo ahora».
Y lo que es más sorprendente, puede oírse ese rechazo incluso en la derecha, entre antiguos aliados y amigos del presidente.
Por ejemplo, la exrepresentante republicana por Georgia, Marjorie Taylor Greene, que rompió vínculos recientemente con Trump, opinó que amenazar con destruir la civilización iraní no era «retórica severa, es locura».
Para Candace Owens, de extrema derecha, el mandatario es un «lunático genocida» mientras. Alex Jones, llamado el teórico de la conspiración y fundador de Infowars, dijo que «balbucea y parece que al cerebro no le está yendo muy bien».
Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en el primer mandato del jefe de gobierno, ha declarado que es «un hombre que claramente está loco» y que su reciente cadena de publicaciones beligerantes en redes sociales, a mitad de la noche, «resalta el nivel de su locura».
Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de la Casa Blanca, escribió en Internet que «claramente no está bien».
Remontando eltiempo, tenemos a John F. Kelly, el jefe de gabinete más longevo en la Casa Blanca, durante el primer mandato de Trump, quien incluso compró un libro de 27 de esos especialistas titulado The Dangerous Case of Donald Trump, (El peligroso cas de Donald Trump), coincidiendo con el criterio especializado en que este «padecía una enfermedad mental».
MÁS DE 30 MÉDICOS Y PSIQUIATRAS PIDEN LA DESTITUCIÓN DE TRUMP
Un informe entregado recientemente al Senado de Estados Unidos, plantea activar la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense que permite retirar al presidente de sus funciones si se considera que no está en condiciones de cumplir con sus responsabilidades, aunque para lograr ese objetivo se requerirá el respaldo del vicepresidente y de la mayoría del gabinete, un escenario que, por el momento, se considera poco probable, en opinión de Benataya.
Una de las impulsoras de ese documento es la psiquiatra forense Bandy Lee, quien insiste en que su crisis psicológica aguda se ha tratado como problema político y no médico.
Los especialistas advierten de síntomas como «deterioro cognitivo», «episodios de confusión», «somnolencia en actos públicos» y «comportamientos de grandiosidad».
Precisamente, Lee ya ha tratado el tema en 2017 en un análisis sobre el estado psicológico de Trump asegurando que, desde entonces, su situación «ha seguido empeorando».
Anterior a ese informe, el psicólogo John Gartner, exprofesor de la Universidad Johns Hopkins, comparó el perfil psicológico de Trump con el de Adolfo Hitler y dijo que ambos «están cortados por el mismo patrón y tienen el mismo trastorno de personalidad».
De acuerdo con el especialista, el estadounidense presenta los rasgos de un «narcisismo maligno», un patrón de conducta «especialmente peligroso cuando se trasladan al ámbito del liderazgo político».
Por su parte, el doctor Harry Segal, señaló que él y su colega Gartner alertaron sobre la «demencia incipiente» de Trump, a partir del análisis de 10 fotos que muestran los mayores cambios del presidente en 2016, hasta el presente.
EL BOTÓN NUCLEAR
Por si fuera poco, recientemente John Brennan exjefe de la CIA durante el mandato de Barack Obama, declaró que el presidente debe ser destituido por su «incapacidad mental para el cargo» y agregó que este «representa una carga significativa y no se le puede permitir continuar en el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, con el enorme poder que posee, incluido el arsenal nuclear estadounidense».
Asimismo, la doctora Bandy Lee, mencionada anteriormente, considera que «el desequilibrio emocional de Trump podría causar una guerra nuclear».
El mandatario «muestra una excelente salud cognitiva y física y está completamente apto para desempeñarse como Comandante en Jefe y Jefe de Estado», afirmó La Casa Blanca.
HACERSE EL LOCO
Para el Senado de EE.UU. todas estas pruebas alarmantes no parecen suficientes para un juicio político a Trump; por el contrario, le han dado más poder, como fue el veto republicano a una resolución que frenaría acciones militares contra Cuba, con lo cual el orate de Washington tiene «luz verde» para seguir adelante con sus planes de invadir la isla y «tomarla casi de inmediato».
Se dice que a veces Trump se ha hecho el loco para ganar ventaja. ¿Se hará el loco o cumplirá a conciencia su amenaza de desaparecer a Irán de la faz de la tierra ¿y lo hará con una bomba atómica? En el caso de Cuba, «se está haciendo el loco?», o quizás está ¨chiflado¨ de verdad, al creer que le resultará muy fácil apoderarse del país caribeño.
Como dijera Elpidio Valdés, simpático personaje de dibujos animados sobre las luchas independentistas cubanas del siglo XIX, del colonialismo español: « ¡Eso habría que verlo, compay! ».

