Mujeres cubanas, leales y valientes, enfrentan el bloqueo de EE.UU.

Mujeres cubanas, leales y valientes, enfrentan el bloqueo de EE.UU.

Siempre que se habla de la historia de Cuba está presente la mujer y su especial rol en la vida política y social a través de los siglos. Desde Guarina, mujer del indígena dominicano Hatuey que lo acompañó en su lucha contra el colonialismo español en Cuba; Carlota, la esclava que se alzó por la misma causa; Mariana, que entregó sus hijos a la lucha independentista contra la Península, Rosario, que iluminó Santiago de Cuba con sus hijos-mártires Josué y Frank, hasta hoy en día, las mujeres nacidas en esta tierra del Caribe insular mantienen el mismo espíritu de rebeldía, defensa y amor por Cuba. Nadie, ni la potencia más poderosa de la tierra, puede apagar el alma de las mujeres que hoy luchan por la supervivencia de sus hijos y sus familias. El enemigo, en sus vestimentas, es diferente. Pero aunque miembro de una secta moderna, mantiene los mismos intereses y deseos de sus antecesores españoles: apoderarse de Cuba, a pesar de que siempre esta pequeña isla ha mantenido un espíritu de lucha que impide a sus enemigos incorporarla a la pléyade de los nuevos esclavistas, los imperialistas y sus aliados enanos de América Latina.

Estados Unidos, tan cercano en la geografía, y tan lejano en la ideología del pueblo isleño, está obsesionado por Cuba, un país con figura de cocodrilo insertado en el mar Caribe, con unos nueve millones de habitantes que cada día, desde siempre, le ha recordado, con palabras y hechos, que esta no es una tierra de redención, sino de pelea.

Ahora, en el 2026 del siglo XXI, el gobierno de turno en Washington, presidido por el multimillonario Donald Trump, intenta, una vez más, asfixiar a los cubanos con sus medidas inhumanas, una de las últimas el bloqueo de los buques que intentan llegar con combustible a los puertos de la isla.

La finalidad de esa medida es asfixiar por inercia al pueblo de Cuba, con sus mujeres y niños, sus jóvenes y sus ancianos. Un genocidio no con balas y cañones, sino con apagones, inmovilización de la vida cotidiana, paralización del país y su posterior muerte. Un momento en que, según sus cálculos, las suelas de sus soldados hollarán la tierra sagrada de este país.

Pero en esta lucha que nos imponen, una de las figuras más opuestas al bloqueo energético, comercial, económico,  financiero y diplomatico, y a las decenas de sanciones imperiales es la mujer cubana.

Es ella la que hace malabares en el trabajo y en el hogar para que la vida parezca tranquila, para que sus hijos tengan una vida lo más normal posible, para que haya comida que poner en la mesa y una vela o una lámpara alumbren las noches de cocuyos.

Solo las mujeres tienen la facultad de acallar el llanto de un bebé que no duerme por el calor ante la falta de un ventilador encendido; o de convencer a un pequeño de seis años que se levante a oscuras para ponerse el uniforme escolar cuando, además, de desayuno solo tiene un pan y un jugo para enfrentarse a los nuevos saberes. La sensibilidad de las madres es capaz de romper el cerco más cruento.

Las madres cubanas luchan cada día. Trabajan donde quiera, lo mismo en oficinas que limpiando casas. Ellas son un fuerte eslabón en la economía familiar y hacen lo que sea para ayudar en la adquisición de alimentos o medicamentos, todos muy caros y escasos a veces. Pero lo primero son sus hijos, y sus ancianos padres.

A pesar de todas estas dificultades, las mujeres de este país pequeño y valiente, mantienen sus actividades sociales y políticas. Lo mismo limpian las aceras y chapean las hierbas que rodean sus casas y edificios para evitar las plagas, que asisten a reuniones comunitarias, repasan a los hijos y sus amigos las lecciones del día, participan en grupos de deportes y bailes en sus barrios. Ellas mismas no renuncian a su superación personal y asisten a cursos y postgrados, másteres y doctorados.

Alguien preguntó alguna vez cómo era posible la multiplicación de los haceres de las féminas cubanas. Y le respondieron: es que lo llevan en la sangre. Y pienso en Guarina y en Carlota, en Mariana, en las luchadoras de los años 30 y 50 del pasado siglo. En las que en estos momentos sienten en sus venas el ardor y el aplomo de aquellas que estuvieron en las guerras independentistas, hasta ahora, cuando el enemigo cambió el uniforme pero no el deseo egoísta de adueñarseó de Cuba.

Es por ello que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se les rinde homenaje más que merecido. Solo que las que viven en este país lo debían recibir todos los días del año.

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