He vuelto a leer, no sé cuántas veces lo he hecho, la historia de Domingo González y el peso de una buena denuncia en El Artemiseño. Abordaré su análisis como periodista, partiendo de los hechos concretos para reflexionar sobre un problema que enfrenta el periodismo económico en el escenario cubano actual.
EL ECO DE LA DENUNCIA…CUANDO LA PALABRA ESCRITA SALDA UNA DEUDA
Son dos artículos, en el primero, fechado el 25 de marzo de 2026 y titulado No honrar las deudas se paga muy caro, se expone que el productor Domingo González Rodríguez, de Bahía Honda, entregó 364 quintales de guayabas a la Fábrica de Conservas El Batey, y pasados ocho meses no había visto ni un solo peso por la venta. La deuda superaba el millón de pesos, y sus gestiones se estrellaban una tras otra contra una pared burocrática.
Lo que ocurrió después es, sin embargo, el meollo del asunto que hoy nos convoca. La publicación de un reportaje en dos partes pues apenas siete días después de la denuncia, el mismo autor publica en el artículo Pagan deuda a productor de Bahía Honda cómo se destrabó lo que la lógica administrativa no había podido.
No fue una orden superior, ni una circular ministerial, ni una resolución judicial: fue la exposición pública la que finalmente movió los cimientos.
LAS CUATRO PATAS DE UNA SILLA ROTA
El periodismo económico en Cuba padece, a mi juicio, algunas deficiencias que este caso deja al descubierto: Incomodidad con el rol fiscalizador. No estamos acostumbrados a ver a la prensa como esa voz ciudadana que señala, que presiona, que obtiene resultados.
Y esa incomodidad funciona en las dos direcciones: tampoco el denunciado, está habituado a rendir cuentas bajo la lupa pública. Sin embargo, hemos de reconocer que no hay nada más efectivo que la exposición periodística.
EL CONFORMISMO QUE ALIMENTA A LAS REDES SOCIALES
Mientras nuestro periodismo siga retrasado con respecto a los temas críticos, la curiosidad por las redes sociales seguirá en aumento, y con ella, el daño que producen. No es que las redes sean el enemigo; es que la prensa deja un vacío que otros llenan, no siempre con la verdad.
La debilidad institucional. En este caso, la deuda se saldó por presión mediática, no porque funcionara el respeto por leyes y contratos, o un acuerdo de la Asamblea Nacional o la mediación del Partido de Cuba (PCC) como guía y supervisor de estos procesos. El periodismo tapó el agujero que las instituciones no supieron o no pudieron cerrar. Pero eso no debería ser la regla: la prensa complementa, no sustituye
La ausencia de consecuencias económicas para el moroso. Aquí cabe una reflexión: ¿no deberían los tribunales actuar con mayor celeridad? ¿Y no deberían las entidades morosas contribuir, vía un impuesto financiero, al sostenimiento de un sistema que las expone y las obliga a cumplir? ¿Por qué los afectados no acuden a los tribunales? ¿Se incluyen cláusulas de Reclamaciones y Solución de Conflictos ante los tribunales? La impunidad cuesta, y hoy la pagan los productores.
Pero este no es un caso aislado. El problema de los impagos a productores agrícolas no es nuevo ni exclusivo de Artemisa, es una herida abierta en el campo cubano. Repaso rápidamente otros casos documentados:
Cacao en Baracoa, un trabajo publicado en Granma en julio de 2025, expone que la Empresa Agroforestal adeuda pagos en moneda nacional y Moneda Libremente Convertible a cacaoteros; bajo el título Calabazas en Bayamo.
Juventud Rebelde, en enero de 2024 denuncia que el productor Onilver Hechavarría entregó 41.403 quintales y no cobró 33.122 pesos; en septiembre de 2023 este medio había publicado Carne de cerdo en Granma, que en esa provincia, había siete productores adeudados con 12.264 MLC desde diciembre de 2022 y en octubre del mismo año publica Porcino en Granma, exponiendo que la Empresa Porcina debe millones de pesos a productores.
En todos estos casos, la prensa jugó, o intentó jugar, su rol, aunque no siempre los mismos resultados ¿Qué marca la diferencia? La persistencia, el seguimiento, la investigación en dos tiempos: primero la denuncia, después la verificación del pago.
EL CAMINO QUE OTROS YA RECORREN
No estamos solos en esta reflexión. El propio Joel Mayor Lorán, junto a Odalys Acosta y Lianet Guerra, recibió el Premio Nacional de Periodismo Económico 2025 en prensa escrita por la serie ¨A río revuelto, ganancia de abusadores¨. Un trabajo que el jurado calificó como «una joya del periodismo de investigación». En él, los autores no se limitaron a denunciar: abordaron los precios agrícolas desde el punto de vista del cliente hasta el del productor, pasando por inspectores, directores de empresas de distribución y hasta los problemas para confeccionar las fichas de costo.
También en la prensa digital, Oscar Figueredo Reinaldo, de Ideas Multimedios, fue premiado por la serie «Se busca», sobre el hurto y sacrificio de ganado en Cuba. Y Enrique Ojito y Yosdany Morejón, del periódico Escambray, recibieron mención por «Trago amargo de una malversación».
Hay una vanguardia, sí; pero la cuestión es, como se dijo en la entrega de esos premios, «convertir las excepciones en regla».
EL PERIODISMO QUE NO HUYE DEL CONFLICTO
El presidente, Miguel Díaz-Canel, ha insistido en que «sin una prensa crítica que apele a la conciencia y los valores humanos, no hay Revolución». Esa prensa crítica no puede ser una prensa complaciente. La verdadera prensa revolucionaria y socialista no es la que repite consignas vacías o pinta una realidad virtual inexistente, es la que, desde el rigor y la responsabilidad, señala lo que no funciona para que pueda ser corregido.
Esa es la función social del periodismo: ser voz del ciudadano, herramienta de control, voz de quien no tiene otro recurso que la palabra publicada.
Me tomo la licencia de terminar con cuatro preguntas:
¿Estamos dispuestos, como periodistas, a asumir el costo de la incomodidad? Porque denunciar incomoda. Y denunciar con nombre y apellido, con datos y fechas, incomoda todavía más.
¿Están nuestras redacciones preparadas para el periodismo de investigación económico?. No basta la voluntad. Hacen falta tiempo, capacitación, recursos, y, sobre todo, líneas editoriales que respalden el riesgo.
¿Qué ocurre cuando la prensa obtiene el resultado, pero la institución sigue fallando? En el caso de Domingo González, se pagó la deuda. ¿Pero cuántos productores más siguen esperando? ¿Cuántos dejarán de producir porque no confían en el sistema?
¿No es hora de que el periodismo económico cubano deje de ser una excepción para convertirse en la regla? La respuesta, me temo, no está en las redacciones solamente. Está también en la apertura de las fuentes, en la transparencia de los datos y en una cultura que entienda que la crítica constructiva es un acto de compromiso.
Ahí están los frutos: una deuda saldada, un productor que recuperó lo suyo, un ejemplo a seguir. No es poco, pero no es suficiente.

