¿SE DICE «LA PRESIDENTA» O «LA PRESIDENTE»?
Presidente es una palabra muy común, así que de alguna manera el masculino y femenino de estos términos suelen causar confusión.
Presidente es una palabra muy común, así que de alguna manera el masculino y femenino de estos términos suelen causar confusión.
El fue el encargado de mostrar con un pie de foto que me identificaba, (y el tabloide Mella el soporte periodístico) a aquel muchachón de 16 años que encestaba una canasta en un partido de baloncesto del campeonato del Plan de Becas, camino a lo que serían los Primeros Juegos Escolares.
Una noche hace ya mucho tiempo, saliendo del Instituto de La Habana con un amigo, atravesé el Parque Central, con la idea de comernos un arroz frito en una fonda de chinos que había enfrente y que se llamaba Honolulu. Teníamos un peso. Pero con eso alcanzaba para los dos si pedíamos un arroz frito sencillo, porque también lo había especial y hasta ahí no llegábamos.
Mi comienzo en la radio se produjo en Información Política (IP), un programa para los combatientes de las FAR y el MININT. La apacible vida anterior de la prensa plana, en Verde Olivo, se transformó, muy pronto, en un quehacer constante, donde la inmediatez ocupó todo el espacio posible.
Quizás no debí ser periodista y ser profesora. La vida, esta rica vida que me ha tocado en el plano profesional, me ha permitido ser las dos cosas. Las niñas de mi generación empezaban desde muy pequeñas a asistir a las escuelitas de barrio, y desde los cuatro años, mi primera profesora, jamás olvidada, Zenaida Pérez, me enseñó a leer y a escribir en mi natal Yaguajay.
A inicios del siglo XX, junto a la proliferación de revistas, renacen las tertulias ante la necesidad imperiosa de dar a conocer la obra de aquellos autores sin posibilidad de editar libros, muchos de los cuales sólo en parte habían salido a la luz pública, en periódicos y magacines.
Mi profesión a Debate es el resultado y respuesta a muchas inquietudes existentes en los alumnos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana con vistas a la confección de sus trabajos de tesis, sobre el mundo actual de la Publicidad, al igual que su repercusión e incidencias en las nuevas tecnologías
Está bien que se disparen las alarmas ante la vulgaridad reiterada y extrema, y a menudo vendida y comprada como si fuera arte. Pero no se debe poner el grito en el cielo únicamente cuando un supuesto “concierto” y alguien que se presenta como cantante o músico sobrepasan todos los límites.
“En cinco “perseguidoras” vinieron a buscarme a mi casa; a una sola mujer con sus dos hijos pequeños, de 8 y 4 años. ¡Qué valientes eran ellos! ¿No les parece?”. Así, relató Thelvia Marín Mederos (Sancti Spiritus, 1922), uno de los episodios más crueles y, al propio tiempo, más corajudos, de su trayectoria insurreccional en La Habana del año 1957.
Su sencillez era tan proverbial como su capacidad de recordar pasajes de la historia no muy escrita de esa época neocolonizada con la que dio al traste la Revolución en Cuba.
Ha sido una constante desde el triunfo de la Revolución socialista la concepción de que la cultura, es el escudo del pueblo para conservar su identidad, su libertad y su independencia.
Este 25 de agosto cumplí 82 años, 60 de ellos en el periodismo revolucionario, y eso me hace feliz. El periodismo me enseñó algo muy importante: la voluntad de luchar, la capacidad de soñar, y que el tiempo es oro.