Al cumplirse su segundo año de mandato, en medio de críticas a su gestión, una aceptación popular en picada, con demandas de su revocación, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, continúa entregando, literalmente, en «cuerpo y alma» la nación andina a Estados Unidos (EE. UU.), resultado de su «matrimonio político» con el presidente republicano Donald John Trump.
Este 24 de mayo de 2026, se cumplió un año del inicio de su segundo período presidencial, luego de vencer en 2025 en un balotaje a la candidata de Revolución Ciudadana (RC) Luisa González, comicios marcados por denuncias de numerosas irregularidades y fraude en la presentación de las actas, quejas que fueron pasadas por alto y finalmente dieron el triunfo al millonario derechista, quien anteriormente se situó al frente del Ejecutivo en 2023, por solo año y medio, completando el mandato de Guillermo Lasso, destituido tras aplicar la «muerte cruzada», un corto período por el que Noboa fue conocido como presidente «express».
2026 UN AÑO DE REAFIRMACIÓN «TRUMPISTA»
El 7 de marzo de 2026, en el lujoso club de golf propiedad del magnate republicano en Doral, Miami, tuvo lugar la reunión «Shield of the Americas», o «Escudo de las Américas» nombre dado por el inquilino de la Casa Blanca a su reunión con 12 mandatarios latinoamericanos, de derecha y ultraderecha, afines a su política hegemónica, donde por supuesto se encontraba Noboa.
En ese encuentro se hizo firme la militarización de la lucha contra el narcotráfico, en naciones latinoamericanas, con presencia de militares estadounidenses en su territorio, como ocurre en Ecuador pero, sobre todo, se abrió totalmente las puertas a Washington en la seguridad hemisférica, lo que da luz verde a la Casa Blanca para movilizar las fuerzas armadas de los países involucrados que, a su vez, también estarían subordinados al jefe de Estado de otro país.
Igualmente, quedó demostrado que el principal objetivo del presidente #47 de EE.UU. son los recursos naturales de los países de la región, a los que les ha ido arriba en un saqueo «al estilo Trump», un acto de piratería en pleno siglo XXI.
De acuerdo con analistas, el Escudo de las Américas es una cumbre política que «reinaugura el ministerio de las colonias de EE.UU., considerando a todo el hemisferio como su patio trasero y por ende «su propiedad individual irrefutable», desde que James Monroe emitiera su doctrina en 1823, y posiciona a Ecuador como un «lacayo estratégico sin precedentes».
Sin embargo, para Noboa, el «Escudo de las Américas» «no tiene el tinte ideológico que tenía el foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla ni nada de eso».
«Eso no es algo ideológico, es una alianza por la seguridad. Es una alianza contra el narcotráfico, contra el terrorismo, la minería ilegal, contra la corrupción política también», dijo en declaraciones a medios de prensa.
Por supuesto, Noboa está en lo cierto al decir que la Cumbre de Miami no se parece a organizaciones latinoamericanas del pasado, pues mientras el Escudo de Trump reunió fuerzas de derecha y ultraderecha alineados con su política expansionista y hegemónica, el Foro de São Paulo o Foro de San Pablo (en algunos países del Cono Sur) agrupó a partidos y grupos políticos de izquierda de América Latina y el Caribe, fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en la ciudad de São Paulo, en 1990.
El Grupo de Puebla, por su parte, fue un foro político y académico integrado por representantes de la izquierda política latinoamericana y europea meridional, fundado el 14 de julio de 2019 en la localidad mexicana de Puebla, que reunió a algunos de los gobiernos progresistas de la llamada «Marea Rosa», el giro a la izquierda que se vivió en Latinoamérica a principios del siglo XXI y que se ha borrado en la última década con la llegada al poder de la ultraderecha, equivalente a un neofascismo, en varios países del área.
CONGRACIARSE CON TRUMP
Y en esa reunión de Florida también salió fortalecido el vínculo Noboa-Trump, pues el mandatario suramericano llegó a la cumbre con la tarea hecha.
Setenta y dos horas antes de aquella cita, Noboa había declarado «persona non grata» al embajador cubano en Quito y a toda la misión diplomática, caribeña, dándoles 48 horas para abandonar el país, lo que constituye «una decisión grave que evidencia un vergonzoso y esbirro alineamiento con la política promovida desde Washington», contra Cuba, señaló en un comunicado la Revolución Ciudadana (RC), principal fuerza opositora política ecuatoriana, que lidera el expresidente Rafael Correa.
RC añadió que: «Esta postura no responde a los intereses ni al sentir del pueblo ecuatoriano, ni a los principios históricos de soberanía y autodeterminación de los pueblos que han guiado a América Latina», y agregó que, para el correísmo, «resulta evidente que esta política de subordinación buscará ser celebrada en la reunión de presidentes de derecha fascista de la región, convocada para el 7 de marzo en Florida, donde seguramente Daniel Noboa buscará la «‘palmadita’ de aprobación de Trump: «Vergonzoso!».
Para la cancillería cubana se trató de un «acto inamistoso y sin precedentes, que daña significativamente las históricas relaciones entre los dos países».
Al mismo tiempo, fue retirado el embajador de Quito en La Habana.
Una incidental: La derechista Laura Fernández Delgado, jefa de Estado de Costa Rica le siguió la rima a Noboa y también rompió relaciones con Cuba.
DAR SEGURIDAD AL «SOCIO» mientras Ecuador «ARDE»
Otra «trumpada» de Noboa resultó la mudada, geográficamente hablando, del país suramericano hacia la «Gran América del Norte», como parte de una nueva estrategia de seguridad nacional de Washington, inventada por el mandatario norteamericano.
Mientras la nación andina fue la primera en integrar el «cordón» de seguridad de EE.UU., en la también llamada Gran Norteamérica, el gobierno de Quito ha sido incapaz de controlar la violencia interna, llevando al país a ser uno de los con más alto nivel de criminalidad e inseguridad de Latinoamérica.
Esto ocurre a pesar de la colaboración de militares estadounidenses en su territorio, de acuerdo con la luz verde dada por el jefe de Estado suramericano al Pentágono para actuar contra el crimen organizado dentro de Ecuador, punto que se incluía en el referéndum de 2025, y que fue rechazado por el voto popular.
De acuerdo con el «Ranking de Presidentes de Latinoamérica», publicado por la consultora regional CB Global Data, del bimestre enero-febrero de 2026, Noboa se ubica en el puesto 14 de 18 mandatarios peor evaluados en el período. Datos de encuestas realizadas entre el 10 y el 15 de febrero de 2026, revelan que el mandatario enfrenta un 59,8% de imagen negativa frente a apenas un 36,8% de aprobación ciudadana.
Ya en 2025 se observó ese descenso en la aceptación popular, año que cerró como el más violento de la historia del país, con 9.216 homicidios intencionales, lo que elevó la tasa a 50,91 por cada 100.000 habitantes, todo eso a pesar de la declaratoria de conflicto armado interno y sucesivos estados de excepción, las masacres carcelarias, y crímenes por parte del ejército, como el caso de los cuatro niños asesinados por soldados en el barrio de Las Malvinas, en el sur de Guayaquil, como expresión de la violencia, también por parte de los militares, a quienes se les atribuyen al menos 31 desapariciones forzadas en los dos años de gobierno de Noboa, todo lo cual ha contribuido a la pérdida de confianza en la capacidad de su gobierno derechista.
Por su parte, la encuestadora, CIESS, sitúa al presidente en un nivel de descalificación por encima del 74%, desconfianza en 77% y en desagrado lo ubica en 69%.
LA MÁS RECIENTE «TRUMPADA»
El expresidente Rafael Correa dijo en una oportunidad que Noboa quiere convertir a Ecuador «en la sucursal de Trump» y las más recientes actuaciones del actual mandatario ecuatoriano parecen darle la razón.
Por ejemplo, el 21 de enero de 2026, desde el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, «lanzó una ofensiva que transformó la vecindad con Colombia en un campo De batalla comercial. Al imponer un arancel del 30% a las importaciones colombianas bajo el rótulo de tasa de seguridad, Noboa no solo rompió décadas de acuerdos en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), sino que oficializó una ruptura ideológica y estratégica con su colega Gustavo Petro, como resaltó el periodista Leonardo Gómez Ponce, en su reseña sobre el evento para el medio periodístico CONNECTAS.
Ponce agregó que «para obtener el favor del presidente de Estados Unidos decidió seguir al pie de la letra los procedimientos del magnate» republicano.
Pero en este caso, hay algo más. Al dictar esas medidas contra Colombia, su vecina histórica, con quien mantenía un alto nivel comercial, Noboa actuó como un «clon» del presidente estadounidense contra Petro, cuyo país, al decir de Trump, sería «el próximo», haciendo referencia a las agresiones militares programadas para la región, de las cuales ya cumplió en Venezuela, y viene anunciando para Cuba, a la cual piensa tomar «de inmediato».
Ahora Noboa se pasó de listo, al emplear esos aranceles como moneda de cambio. Repetidamente, él ha acusado a Petro de no cooperar en la lucha contra el narcotráfico y la seguridad. Un día antes de las elecciones generales del 31 de mayo, Bogotá rechazó una iniciativa anunciada por Noboa para eliminar los aranceles a las importaciones procedentes de Colombia. Entonces, metiendo las narices en los comicios del vecino, Noboa conversó con el candidato colombiano de derecha radical Abelardo de la Espriella y según declaró: «Tras una conversación con él y confirmar su voluntad de impulsar una lucha real y conjunta contra el narcoterrorismo», he dispuesto eliminar desde el 1 de junio la tasa de seguridad aplicada a los productos colombianos.
Más claro ni el agua. No hay que ser muy perspicaz para saber que detrás de toda esa actuación del mandatario ecuatoriano está la mano de Trump, influyendo en los resultados de comicios latinoamericanos, como lo hizo anteriormente en Honduras con Nasry Asfura, para mantener en su recuperado «patio trasero», gobernantes alineados con sus políticas expansionistas y hegemónicas.
Con estas acciones, en contra de la soberanía y autodeterminación del país suramericano, para ganar la simpatía del presidente #47 de EE.UU., Noboa se ha ganado el mote de «comodín trumpista de los Andes», mientras pone en juego su salida del Palacio de Carondelet, petición que cobra fuerza en las voces de organizaciones sociales, indígenas y campesinas que piden la revocación de su mandato.

