El líder revolucionario cubano Fidel Castro fue, durante su vida, un abanderado de la unidad nacional. Su preclaro pensamiento político le indicó, y así se ha demostrado a lo largo de la historia humana que, en la política, como en otras esferas, la desunión corroe y destruye los procesos revolucionarios.
Enemigos de la Revolución, y hasta supuestos amigos, esgrimen como expresión de falta de democracia en Cuba -al menos de la representativa que ellos conocen- la existencia de un partido político único en la Isla, el Comunista, fundado en 1965 como símbolo de la unidad política de la Revolución que, dirigida por Fidel, triunfó el 1 de enero de 1959.
La dirección política cubana, con el apoyo de la población, decidió adoptar
un sistema partidista único, que expresa el interés de la mayoría de no
permitir una hendidura que resquebraje, bajo ninguna circunstancia, la
unidad nacional que ha permitido a la Isla, durante más de 60 años,
resistir los embates de la agresiva política del imperio estadounidense,
formar nuevas generaciones de revolucionarios, enfrentar las crisis
económicas bajo las que se han quebrado incluso algunas de la región, y
sobrevivir con dignidad y logros sociales evidentes.
Además de que cada pueblo tiene derecho, aunque no siempre le sea posible
hacerlo, a instrumentar su política atendiendo a sus intereses nacionales e internacionales, hubiese sido muy difícil para el proceso político revolucionario sobrevivir si se hubiese impuesto la desunión interna con la creación de diferentes partidos políticos, en el que cada cual defendiera sus propios beneficios.
Con seguridad, y la historia lo demuestra en otras naciones de América Latina, que la falta de cohesión política y de una dirección única destruyen –por diferentes formas de golpes de Estado- los proyectos políticos más avanzados.
De ahí que los cubanos no hayan caído en la trampa, para complacer a los
administradores de la Casa Blanca, de quebrantar su unidad a cambio de
posibles mejoras en las relaciones bilaterales, y un supuesto levantamiento
del bloqueo económico, financiero y comercial que mantiene en tensión este país, e intenta matar de hambre al pueblo e impedir su desarrollo sostenible.
En el caso de Cuba, desde el siglo XIX el Héroe Nacional de la Isla, José
Martí, comprobó que la libertad de España no era conseguida porque existía
la desunión entre los jefes políticos y militares.
Martí, capaz de avizorar qué sería de Cuba sino se lograba una conducción única, reunió entonces a los patriotas cubanos bajo la bandera del Partido Revolucionario Cubano, con los criterios no de una agrupación clasista sino partidista.
Fidel, con una concepción marxista de la historia, estudioso y seguidor de las ideas de Martí, también comprendió de igual manera en su formación política y después como jefe del Movimiento Revolucionario 26 de julio, que era necesario unificar a todos los sectores políticos de la Isla, primero para derrotar la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959) y después para dar continuidad a la Revolución.
Tras el triunfo de 1959, Fidel fue reconocido por esas organizaciones como el líder indiscutible que dirigiría los destinos de la nación, y éste, a su vez, adoptó una posición anti-sectaria e invitó a la izquierda cubana a cambiar sus banderas y
colocar una sola: la de la Revolución.
Además, con el triunfo revolucionario, los políticos tradicionales abandonaron el país y con ellos se llevaron sus partidos burgueses, que no representaban los intereses de las masas populares.
Cuba vivió varias experiencias de intentos de integración, una de las más
importantes la creación del Partido Unido de la Revolución Socialista. Esa
organización respondía al carácter socialista que tomó el proceso cubano
después de la invasión mercenaria financiada por Estados Unidos por Playa
Girón en 1961.
Unos tres años más tarde, con la experiencia de tener en sus filas a los
mejores trabajadores, se crea el 3 de octubre de 1965 el PCC y se constituye
su primer Comité Central.
CARTA DE TRIUNFO DEL PROYECTO POLÍTICO CUBANO
Fidel siempre proclamó la unidad como carta de triunfo del proyecto político cubano.
La vigencia del pensamiento del líder cubano es palpable en estos momentos, no solo en Cuba, sino en América Latina y otros continentes, en los que la integración constituye un valladar a los planes imperialistas de Estados Unidos.
Las últimas contingencias sufridas por Cuba –energética y meteorológica- junto a la permanente inquisición del bloqueo (carencia de alimentos, medicinas, combustible, entre otros productos y sus graves consecuencias) solo se pueden resolver gracias al mecanismo unitario forjado en la isla durante su historia como nación.
Las demostraciones de solidaridad y de preocupaciones recorrieron la isla cuando se conoció la magnitud del huracán Melissa, el pasado año, que afectó la región oriental del país. Enseguida que lo permitieron las condiciones, hasta los intrincados parajes llegaron contingentes de trabajadores de distintos sectores.
Estuvieron allí al pie de la tragedia, coordinando, ayudando, compartiendo, grupos integrados de la dirección del país –ministros, primeros secretarios del Partido Comunista de Cuba en las provincias afectadas, los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, dirigentes de diferentes sectores, líderes de las organizaciones de masas- además de decenas de personas que por iniciativa propia llegaron a lugares de desastres,
Una vez más, olvidando por momentos las angustias personales de una economía que intenta recuperarse sin el éxito necesario, en parte por los errores de los decisores políticos y por la presión de la mayor potencia mundial para engullirse la nación, los cubanos, una vez más, dieron muestra de su capacidad de unidad.
Hasta las orientales provincias llegaron los elementos necesarios para la supervivencia de los que perdieron parte o todas sus pertenencias. Quienes poco tienen, dieron parte de sus mínimas jubilaciones; los asalariados juntaron algo más; se les unieron negocios estatales y privados. Comida, ropas, medicinas, brigadas médicas. El país entero volcado en su ya habitual espíritu de solidaridad para levantar lo que la Naturaleza arrebató. Antes, ahora y después, Cuba se levanta como una sola voz, en la que siempre resuena la de Fidel Castro.
Este 2026, una vez más, la ambición imperial se vuelca hacia Cuba con un cerco energético que el pueblo sufre, pero resiste, guiado por las palabras que en momentos de tensión similares Fidel pronunciaba, reafirmando su confianza en las fuerzas de las generaciones que formó y las que ya siguen su ejemplo.

