Las iniciativas planteadas en las cumbres latinoamericanas, desde su creación hace 32 años, se han basado en la unidad regional, la cooperación hemisférica, con participación de todos los países del área, mientras la cumbre «Escudo de las Américas», convocada por Donald Trump en Florida, mostró objetivos y composición totalmente diferentes a sus antecesoras.
CUMBRES DE LAS AMÉRICAS
La primera de estas reuniones cimeras tuvo lugar en Miami en 1994, teniendo como tema central la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, que condujo a la creación de mecanismos multilaterales de evaluación y a una creciente coordinación judicial entre los países.
En la II Cumbre de Santiago de Chile (1998) nació el Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM) creado para medir los avances de cada país en la lucha contra las drogas, mediante revisiones entre pares, basado en el principio de que «si las redes criminales operan a escala regional, tanto, requieren respuestas regionales».
Luego vendría la III Cumbre de Quebec, (2001), que vinculó seguridad y defensa de la democracia frente a nuevas amenazas; la cita de Monterrey, México (2004), incorporó el concepto de seguridad multidimensional, integrando terrorismo y crimen organizado; mientras que la V Cumbre de Puerto España, Trinidad y Tobago (2009), reforzó la cooperación regional contra pandillas, tráfico ilícito y redes criminales transnacionales.
Todos estos encuentros mantuvieron una característica común: su carácter inclusivo, pues reunieron a todos los gobiernos del hemisferio, que podían debatir y coordinar políticas, aún con profundas diferencias políticas.
LA CUMBRE DE SANTO DOMINGO DESVIÓ EL RUMBO
En 2025, la suspendida cumbre de las Américas, en República Dominicana, comenzó a apartarse de los principios que marcaron a sus predecesoras. Y esa primera divergencia fue la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela del foro decisión que, según el mandatario anfitrión, Luis Abinader, se tomó con el fin de lograr una «mayor convocatoria y asegurar el desarrollo del foro».
En respuesta a esa medida, los jefes de Estado de México y Colombia, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, respectivamente, no acudieron a la cita y enviaron a sus cancilleres.
La falta de consenso provocó la suspensión del cónclave, ya bajo la segunda era de Donald Trump, a la que por cierto él no asistiría, la cual comenzó a separarse del concepto de regionalismo de las anteriores, precisamente por la marcada política del mandatario republicano de dinamitar el multilateralismo, la unión entre naciones, una de sus promesas al tomar posesión de su segundo mandato el 20 de enero de 2025.
Pero, en honor a la verdad, debe aclararse que esa tendencia aislacionista ya comenzaba a presentarse en la Cumbre de las Américas de Los Ángeles (2022), durante el gobierno de Joe Biden, cuando también fueron excluidas Cuba, Venezuela y Nicaragua, lo que evidenció que algunas iniciativas hemisféricas comenzaban a avanzar sólo entre las administraciones dispuestas a unirse con Washington.
LA CUMBRE DE MIAMI
«Shield of the Americas», o «Escudo de las Américas» es el nombre dado por el inquilino de la Casa Blanca a su reunión con 12 mandatarios latinoamericanos, afines a su política hegemónica: Javier Milei (Argentina); Rodrigo Paz (Bolivia); Rodrigo Chaves (Costa Rica); Daniel Noboa (Ecuador); Nayib Bukele (El Salvador); Irfaan Ali (Guyana); Nasry Asfura (Honduras); José Raúl Mulino (Panamá); Santiago Peña (Paraguay); Luis Abinader (República Dominicana); así como la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, y el entonces presidente electo de Chile, José Antonio Kast.
La cita fue realizada el pasado 7 de marzo en el lujoso club de golf propiedad del magnate republicano en Doral, Miami, en la cual se hicieron más evidentes las diferencias con sus homólogas de las últimas tres décadas.
En primer lugar, mostró cambio en los asistentes, pues obvió a México y Brasil, las dos mayores economías latinoamericanas y activos protagonistas en la lucha contra el narcotráfico, también a Canadá, así como a Colombia, histórico aliado de Washington en esa batalla.
En su discurso ante la Comisión de Estupefacientes de la ONU, en Viena, el presidente Petro criticó la ausencia de su país en el cónclave, al que considera esencial en cualquier estrategia internacional de lucha contra las drogas.
«Lo van a agujerear (al Escudo), pues no es posible coordinar acciones contra el narcotráfico, transformando «una alianza antinarcotraficante en una alianza ideológica», eso es «un error sustancial».
El resultado final de esa alineación es aceptar lo que analistas llaman una «soberanía funcional», condicionada a los apoyos económicos y diplomáticos a favor de candidatos afines, como ocurrió en las legislativas argentinas de finales de 2025, afianzando a Javier Milei, o en procesos electorales como los de Bolivia y Chile y en Honduras, a partir del fraude electoral, colocando en la silla presidencial a gobernantes que respondan a Washington, en tanto los Estados que se resisten a la alineación son sometidos a medidas coercitivas unilaterales.
RECURSOS NATURALES… Y OTROS INTERESES
Tras el Escudo de Donald Trump también se esconden otros propósitos muy alejados de las drogas y el terrorismo. La falsa agenda del encuentro en Florida ocultaba entre líneas el interés de Washington en recursos naturales y estratégicos, corredores logísticos, factores que afianzarían la hegemonía total de Estados Unidos en lo que considera su «recuperado» patio trasero.
La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025 del Pentágono, identifica explícitamente la necesidad de «eliminar la presencia china en sectores estratégicos», con énfasis en puertos, minerales estratégicos e infraestructura digital; el interés en el llamado «Triángulo del litio» (Argentina, Bolivia y Chile), que concentra más de 50% de las reservas mundiales de este mineral esencial para la transición energética. La ESN prioriza el control de rutas marítimas y terrestres; el aseguramiento del canal de Panamá; el golfo de México, o Golfo de América, como se dio el gusto de rebautizarlo Trump sin que tuviera éxito, y las rutas antárticas accesibles desde el puerto de Ushuaia, territorio que el «clon trumpista» Milei le «regaló» a su doble estadounidense; las reservas de agua dulce, los bosques tropicales y una amplia diversidad de animales y plantas, también forman parte del botín que aspira a extraer el rubio mandatario, en esta piratería de nuevo tipo en lo que el presidente #47 de la Casa Blanca llama ahora «nuestro hemisferio», como repite por estos días en señal de posesión de esta parte del mundo.
EL «COROLARIO TRUMP» O SAQUEO TRUMPISTA SIN ESPEJITOS
No puede resumirse el verdadero alcance del «Escudo de las Américas», sin mencionar el llamado «Corolario Trump» un apéndice a la «Doctrina Monroe» rebautizada ahora como «Donroe» (por Donald), a partir de las nuevas disposiciones incorporadas por el mandatario republicano a la ESN 2025 del Pentágono, donde explícitamente, sin tapujos, se admite que el control sobre el Sur, es la máxima prioridad estratégica de La Casa Blanca, lo que da vía libre, no sólo al liderazgo militar de la Casa Blanca en el área, sino también al acceso ilimitado a los recursos esenciales para defenderse y preservar su estilo de vida, incluyendo también las ramas científicas y tecnológicas, en las que Trump considera que Estados Unidos ha perdido poder.
En pocas palabras, se trata de un saqueo «al estilo Trump» en América Latina, en pleno siglo XXI, pero no ofreciendo espejitos a sus moradores, a cambio de sus riquezas, como antaño hicieron otros colonizadores a ingenuos e indefensos indígenas, en tierras americanas, el entonces llamado Nuevo Mundo, sino con el empleo del chantaje y amenazas de acciones militares contra aquellos que no se sometan a su política de «paz, mediante la fuerza».

