El primero de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en abril de 2011 en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) prescribe:
“El sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional, y debe transformarse en sus aspectos metodológicos, organizativos y de control. La planificación tendrá en cuenta el mercado, influyendo sobre el mismo y considerando sus características.”
En otras palabras, la actualización del modelo económico cubano da entrada al mercado, no a la economía de mercado. Pasar de un modelo centralizado a uno descentralizado, crear un basamento jurídico, económico y financiero, enfrentar cambios culturales y mentales, porque durante décadas la sociedad cubana estuvo fuera del mercado.
En tal sentido, la necesidad de un período de tránsito, el paso de un modo de producción a otro, suponen una transformación, pero a diferencia de las transiciones de un sistema social a otro, en las que se pasa espontáneamente de una forma de explotación a otra, éste tiene como meta cambiar las formas de gestión de la economía. El primer paso fue tomar el poder político para instaurar, de manera consciente, las nuevas relaciones de producción socialistas.
La esencia de un período de tránsito se puede definir como la transformación revolucionaria de todas las esferas de la vida social, caracterizada por la coexistencia y la disputa, entre lo nuevo y lo viejo. Lenin lo describió como la contradicción “entre el capitalismo que ha sido derrotado, pero no definitivamente vencido, y el socialismo que ha nacido, pero es débil aún”.
Para comprender los cambios que estamos enfrentando es importante conocer, ante todo, la diferencia entre mercado y economía de mercado.
¿CUÁNDO APARECIÓ EL MERCADO EN LA HISTORIA?
Con el desarrollo de la producción y el intercambio de los excedentes entre tribus que tenían diferentes producciones.
No podemos analizar el capitalismo fuera del mercado, pero podemos analizar el mercado fuera del capitalismo. En ese sentido no se trata de introducir una economía de mercado, sino de incorporar el mercado como un instrumento para ayudar a regular las relaciones económicas.
La Revolución Industrial en Inglaterra comenzó por cambios en la agricultura. Sin aumentar la productividad del trabajo en la agricultura, no puede plantearse un esquema de desarrollo social. En el caso nuestro, los intentos que hicimos bajo el modelo de gestión económica anterior, de transformar la agricultura y convertirlamediante un modelo industrializado y de amplias extensiones en algo avanzado, no dieron los resultados esperados. Hoy las investigaciones demuestran que tienen mayor eficiencia los productores individuales, las cooperativas y,finalmente, las empresas estatales.
Cuba era un país agrario, con grandes extensiones de tierras fértiles, pero no un país campesino, donde la gran mayoría de la población es campesina y sus ingresos dependen de la producción agrícola. Ahí está la diferencia con China, por ejemplo, que partía de una situación de déficit agrario. Al empezar por reformar, modernizar y potenciar la agricultura, entre 1979 y 1984 se dio la posibilidad de que la masa mayor de habitantes aumentara su nivel de vida.
La sociedad cubana, en 1959, no tenía núcleos humanos al margen de la relación monetaria mercantil como China y Vietnam, ese es otro factor a subrayar, y después de la Revolución muchos migraron a las ciudades.
En la economía de mercado, en cambio, prevalece la propiedad privada, las relaciones de producción capitalista, de imposición, el mercado responde a la clase burguesa y de ahí se derivan mecanismos neoliberales, de apropiación indebida por parte de ese sector de la sociedad que responde a los intereses delpoder económico y político. En resumen, la economía de mercado responde directamente a más capitalismo.
En Cuba estamos apelando a que se introduzca el mercado, no la economía de mercado. Hay una diferencia sustancial, el mercado fomenta el establecimiento derelaciones entre los diferentes actores económicos, incluida la empresa estatal.
La propiedad social, por su parte, favorece las relaciones entre todos los tipos de propiedad y responde a nuestro sistema social socialista, pero todas las formas de propiedad conviven en este periodo de transición por el que estamos atravesandoen Cuba y establecen relaciones de mercado mutuas, donde todas tienen los mismos derechos.
Por eso decimos que en Cuba optamos por la planificación con mercado, y no por la economía de mercado.
Un factor importante a tener en cuenta es el rompimiento de una sociedad que se desarrolló cerrada en términos de mercado y de pronto se abre, en la que una parte importante de la población ve venirse abajo sus valores y se sienten desorientados.
Se precisa entonces reconocer que el modelo por el que hemos transitado durante más de 65 años tiene una forma peculiar de unificar el pensamiento económico, político y social de una sociedad que se ha hecho más compleja, con nuevascontradicciones que no tienen por qué ser antagónicas.
El mercado no es capitalista ni socialista. Marx no planteó que había que destruir al capitalismo sino superarlo, y esa superación debe tener dos condiciones:
Primero, ser más eficiente, aumentar la productividad del trabajo. Lo decisivo para que una forma de sociedad se imponga es que desarrolle la productividad, tal como el capitalismo superó al feudalismo.
Segundo, ser un modelo más democrático, es necesario intercambiar muchos criterios, muchos intereses, para que al final prevalezca algo nuevo que tendrá de todos y no se parezca a ninguno.
Evidentemente, no se puede dirigir una sociedad de forma centralizada.Planteamos que vamos a conjugar planificación y mercado. Esto trae como consecuencia que aparecerán en la sociedad diferentes intereses, no antagónicos, a los que hay que darles espacio.
Todo esto debe hacerse sin olvidar a quiénes tenemos enfrente porque,evidentemente, el gobierno de Estados Unidos, en su política con respecto a Cuba y América Latina tiene una constante: no puede existir un proyecto de desarrollo social que no sea santificado por ellos.
El socialismo del siglo XXI, del que tanto se ha hablado, resulta todavía un tanto vago y difuso. Debe ser un socialismo acorde con la realidad actual; no debe repetir los errores del socialismo del siglo XX, pero hay que lograr una mayor precisión en cuanto a su especificidad y, sobre todo, en cuanto a cómo llegar a él.

Centenario de Fidel